Día 10: Atletismo en chino y despedidas

Contábamos con entradas para Atletismo en el Estadio Olímpico Engenhao a las diez de la mañana, pero nos levantamos a las nueve, a una hora y media de viaje. Imposible llegar puntual.

Nos pusimos lo primero que encontramos, agarré las mismas medias del día anterior, y salimos. Tomamos el BRT hasta la estación Vila Militar para después hacer combinación con el tren que nos dejaba en Engenho de Dentro, a metros del semejante estadio olímpico. Pero resulta que ese día los trenes no pasaban por Vila Militar. Así que cuando llegamos ahí tuvimos que volver a la estación anterior por donde sí pasaba: Magalhães Bastos, para después sí subirnos al transporte rumbo al João Havelange.

Una polaca morruda de pelo corto que tenía un apellido muy difícil (Anita Wlodarczyk) había batido su propio récord mundial con una marca de 82.29 en lanzamiento de martillo. Cuando llegamos la vimos recorriendo todo el estadio, feliz ella, saludando a cualquier cara globalizada entre lágrimas de satisfacción. Vaya uno a saber por lo que habrá pasado o no para quedarse con la presea de oro y un nuevo récord mundial. Qué momento. Es que es solo eso. Un momento.

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Después otras mujeres se jugaban la final de los 3000 metros con obstáculos. En eso un periodista chino se nos acercó y se nos puso a discutir por el asiento que estábamos ocupando. Parecía que era suyo. Primero nos habló en inglés, nos dijo que el número de butaca le correspondía a él y a su colega que lo acompañaba. Lo raro era que los asientos de al lado estaban vacíos. No entendimos por qué tanto barullo.

Le dije que se calmara pero no había caso, lo que provocó que sacara mi arma que recién había adquirido desde principios de año: le hablé en Chino Mandarín. De pronto, el periodista se calló. Abrió los ojos, la boca y sonrió, y a nosotros nos volvió un poquito el alivio de querer valorar nuestro ingreso. Nos pidió disculpas, se sentó al lado nuestro y se nos puso a hablar. Quería saber por qué estaba estudiando su lengua, qué sabía decir, cómo era Argentina, y Messi. Messi, Messi y Messi. Pasamos de tener que discutir por unos benditos asientos a hablar de China y Argentina. Raro. ¿Así serán los desentendimientos de culturas?

***

A la noche fuimos a ver un partido que pudo haber sido un antes y un después para el handball argentino. Digo que pudo haber sido porque básicamente no fue. Los Gladiadores se jugaban la clasificación a cuartos de final en la última fecha de la fase de grupos, ante el seleccionado de Qatar, conjunto reconocido por haber nacionalizado a más de la mitad de su plantel. Cubanos, tunecinos, montenegrinos, franceses, egipcios, son algunos de los países que desembocaron en la camiseta qatarí, obviamente invadida por los petrodólares.

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Con un 22 a 18 Los Gladiadores se despidieron entre lágrimas de la hinchada argentina, mientras la brasileña hacía lo suyo: “¡Qatar, Qatar, Qatar!”, eran los cánticos que ganaban por mayoría pero los llantos de los hinchas y familiares argentinos eran más fuertes, al despedirse de algunos jugadores que finalizaban su ciclo.

El “Fora Temer” también se hizo sentir y fornido, aunque el “Fora Dilma” no se quería quedar atrás. Estábamos viendo handball pero también nos encontrábamos inmersos en el clima sociopolítico de Brasil dentro del Arena do Futuro. Los turistas extranjeros, en su mayoría de Europa, escuchaban lo vivido, hacían un paneo de 360 grados, se sorprendían, murmuraban entre ellos, y seguían con el partido.

Y nosotros tratamos de tomar consciencia de que probablemente ese día era uno de los últimos en el Parque Olímpico de Barra. Porque ya no nos quedaban entradas. Se acercaba la despedida.

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