Julia Hang desde una perspectiva social en Río de Janeiro

Todavía le quedan muchos días por delante en la ciudad maravillosa. Ya desde que empezamos a caminar hacia el bar vamos charlando y compartiendo nuestras vivencias. Nos sentamos y empiezo a grabar. Julia se pide un jugo de naranja. Yo elijo una ensalada de frutas. Pasan unos minutos y se acerca un chico. Se sienta y nos mira. Nos saluda. Su cara habla. Su apetito también. – “Queres un salgadinho” –  le dice ella. Él, sin ocultar la alegría, acepta. Nos mira sin emitir una sola palabra y gira su cabeza hacia la heladera.

Se va después de agarrar varias servilletas. Contento… ya sin tanto apetito.

Así comienza todo. En la realidad misma…

Contáme que estás haciendo en Rio y cuanto tiempo vas a estar en esta cuidad

“Soy socióloga, tengo un doctorado en Sociales en la Facultad de Humanidades. Me presenté en un convenio que existe entre el Doctorado en Sociología y Antropología de la Universidad Nacional de La Plata, y la Universidad Nacional de acá, para poder conseguir una beca. Finalmente quedé. Me vine a Río de Janeiro pensando en cambiar un poco el tema y mi estadía verla desde la cuestión política”.

¿Con que te encontraste al llegar a Río en el plano político?

“Cuando llegué me di cuenta que la universidad estaba cerrada porque están entre vacaciones y paros, todo, por la situación social y política que se está viviendo en Brasil. La resistencia del pueblo se focalizó en las universidades y en la cultura. Más allá de eso, pensé que iba a encontrar muchas más marchas y conflictos, como también manifestaciones, pero no hay nada de eso. Comparándolo con nuestro país, allá la gente se moviliza mucho más. En Brasil es como que la gente lo aceptó de alguna forma. Acá a las marchas que he ido se reclama el dinero invertido en los juegos, no es en contra del evento, sino del gasto que han generado. Hay incluso un grupo que se está manifestando para que les devuelvan las tierras donde se construyó el Parque Olímpico”.

La gente se acopló a los juegos porque de alguna manera no tuvo otra opción…

“Claro, si lo pensás los juegos también sirvieron para que un grupo de personas se visibilizaran y pudiera manifestarse, pero también quienes están en contra de los juegos saben que es muy difícil cambiarlo. Critican la situación sociopolítica que se está viviendo en el país pero también reconocen que desde el gobierno anterior hubo mucha corrupción. Hay gente de la universidad, que estudia y piensa que esto tenía que pasar. Son dos choques culturales muy fuertes. La última marcha a la que fui terminó con una ronda de samba. Eso me llamó mucho la atención”.

Pensando el cambio que se viene dando en la perspectiva política latinoamericana, ¿Qué opinión te merece?

“Lo que está pasando acá es parte de un proceso que se está viviendo en Latinoamérica y en gran parte del mundo. El avance de las derechas en contra de los gobiernos más populares de izquierda, centro izquierda. En los dos países existe un tono revanchista en estas modalidades de gobierno. Me pasó cuando recién llegué subirme a un ascensor con una mujer y cuando un trabajador con el mameluco quiso ingresar la mujer le dijo: – “No negro, vos no” y el hombre pidió perdón. Me pareció algo muy violento que marca lo que cotidianamente se vive en Brasil. Pude darme cuenta de la importancia que se le da a las jerarquías sociales. Muchos aún siguen en contra de los derechos que se han ganado los pobres. Hay mucha desigualdad y las clases más pudientes son racistas y homofóbicas”.

En ese sentido, ¿Cómo encararías un cambio de paradigma desde tu trabajo o mismo a futuro?

“Es muy difícil porque uno de los grandes problemas que tenemos quienes nos dedicamos a las ciencias sociales es que nos cuesta mucho vincular los temas de estudio con las políticas que después se llevan adelante. Con el tema de los juegos me llamaron de una radio de Mar del Plata y me preguntaron por la rivalidad que se generó entre argentinos y brasileros. Son temas que yo laburo pero que son difíciles ponerlos en el lenguaje vulgar. Los sociólogos buscamos cambiar los discursos que encierran violencia y construyen maneras de discriminar al otro. Y en ese grupo están las mujeres, los negros, los pobres, los homosexuales”.

Julia en el Seminario Permanente junto a sus colegas.

Julia en el Seminario Permanente junto a sus colegas.

Hay un texto de Pablo Alabarces que describe lo que me estas contando…

Si, todos venimos de la misma corriente. Incluso mi director y compañera de tesis, hicieron trabajos con la barrabrava de Huracán y de Independiente. Ellos siempre me cuentan que la violencia tiene un sentido para quienes son parte de ese grupo. Para cambiar estas prácticas uno tiene que entenderla. Vivimos en un país donde la complicidad política se ve a la luz del día y eso termina siendo parte de la sociedad. Trabajo con un grupo de seminario permanente, en el estudio social del deporte que se da en tres sedes: San Martín; La Plata y en el instituto Germany.

Creemos que a partir del deporte se pueden pensar lógicas sociales mucho más amplias que desbordan al deporte y explican cuestiones de género incluso. Es una disputa continua en el campo de las ciencias sociales. Los textos de Alabarces fueron muy importantes para poder visibilizar esta cuestión”.

¿Crees que esas cuestiones que trascienden son utilizadas para manipular el deporte?

“Los juegos olímpicos se presentan como apolíticos y es una gran mentira. Eso es utilizado para manipular ciertas cuestiones. El fútbol es el claro ejemplo. Pienso que el deporte no puede mantenerse por fuera a la política. Es justo a lo que apunto. Toda la sociedad es política, por eso es utópico pensar el deporte por fuera de la política. Eso ayuda a legitimar discursos que en realidad no son de esa manera”.

¿Te sorprendió la militarización que hay en la calle y el rechazo social que genera ese tema?

“Si, la verdad que me sorprendió mucho. Como todo igual, te vas acostumbrando. Pero sí me llamó mucho la atención ver que hay policías por todos lados. Incluso agentes comunales en cada barrio”.

Con respecto a la favela (también llamadas comunidades), ¿Qué cosas pudiste ver?

“Son favelas pacificadas. Hace unos años era imposible entrar ahí, ahora se convirtió en una atracción turística. Fui a Babilonia con unos periodistas de Clarín que llegaron para cubrir fútbol. Paramos en un bar a tomar algo y cuando pedimos la cuenta nos salió más caro que en cualquier otro lugar. Hablando con un compañero que trata el tema de la violencia social y que hace un año que vive acá, me mostró una nota que  publicó, en donde contaba que Río convirtió esos temas como parte del turismo”.

Sos guardavidas así que imagino que fuiste a ver natación…

Si, los últimos días antes de venir saqué entradas para ver natación. Fue fácil conseguir entradas. Es impresionante el nivel de competencia. Me di el lujo de ver una final donde hubo récord olímpico. Para mí que toda la vida hice natación fue realmente muy lindo. Me quedé con ganas de ver a Michael Phelps. Creo que es el mejor deportista de la historia. Si corre en los próximos juegos seguro sea difícil que gane pero alguna medalla se va a llevar. Eso va de la mano igual de las políticas que tiene Estados Unidos con sus deportistas. El deporte son los deportistas pero siempre se tiene que complementar con una política pública”.

Algunos estadios estuvieron vacíos durante los juegos, ¿Va de la mano con la crisis?

“Pensé que iba a ser más difícil conseguir entradas y la verdad que no fue así. Acá un trabajador gana entre 1000 y 1500 reales. Había entradas por un valor de 300 reales. En Brasil se da un fenómeno particular y es que el contraste entre las clases altas con las más bajas es muy grande. No hay clase media. Entonces no pueden acceder a pagar un precio tan elevado. Hay un 10% de desempleo. Río de Janeiro está en Estado de Emergencia y todos los recursos se aplicaron en los juegos”.

Durante la competencia, renunciaron 15.000 voluntarios, ¿Sabias algo de eso?

“Si, algo sabia. Me parece que se podría haber aprovechado para generar ingresos. Los voluntarios la mayoría son europeos y piensan que vienen a salvar el mundo. Cuando en realidad los hacen trabajar durante horas y no están generando nada. Creo que se podría haber aprovechado mucho mejor en ese sentido”.

Como siguen tus días ahora en Río de Janeiro. ¿Pensás volver para Argentina?

“La beca es por tres meses. Voy a estar hasta el 24 de octubre que tengo pasaje de vuelta. La verdad que no pensaba laburar el tema de juegos, pero ahora me surgió la posibilidad de escribir para los Cuadernos de Clacso (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales), los cuales son coordinados por Pablo Alabarces. En estos días estamos cerrando un artículo. Estoy haciendo registros de las competencias a las que fui para aplicarlas en mi tesis con el club Universitario de La Plata. La entrego a  mediados del año que viene para ser Doctora en Sociología”.

Julia en un encuentro sobre Etnografía e historia de las Clases Medias en Latinoamérica.

Julia en un encuentro sobre Etnografía e historia de las Clases Medias en Latinoamérica.

¿Y en Universitario con que te encontraste?

“La tesis de Licenciatura en Sociología la hice con un grupo de nadadores del club y pude darme cuenta de cómo la gente se va identificando en relación al deporte que practica. Sus vidas pasan a estructurarse de esa manera, incluso sus propias representaciones. Universitario está en crisis en este momento y ahí me di cuenta de que las cuestiones deportivas siempre pasaban por la política. En la antropología se piensa el estudio desde los actores, no desde uno mismo. En ese momento pasé a estudiar mucho más la cuestión política. Por suerte la nueva comisión directiva del club reconoce el déficit que existe y apelan a fomentar la identidad del club”.

Por último, ¿Pudiste recorrer algún barrio y acercarte a la realidad que viven los clubes en Brasil?

“Fui a las dos sedes el club Botafógo y a Fluminense. Ambos tienen una pileta olímpica. Son clubes grandes que se mantienen gracias al fútbol. Hay varios atletas de Brasil que salieron de estos dos lugares. Muchos profesores de educación física de los clubes hacen lo mismo que en Argentina. Las plazas públicas se convierten en gimnasios. En la favela pasa algo similar. A rasgos generales, me parece que está cambiando la perspectiva del deporte a nivel mundial. La disciplina y la autoridad van convirtiéndose de a poco”.

Por Nicolás Barbieri, desde Río de Janeiro.

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