Entre el récord y la catástrofe

El salto con garrocha o también llamada salto con pértiga como prueba de Atletismo ha sabido ganarse desde un principio su lugar de inclusión en la cita olímpica desde la primera edición, allá por 1896 en Atenas. Desde entonces no ha faltado en ninguna de las posteriores ediciones de los Juegos. Ciertas cuestiones estadísticas han hecho que esta disciplinase se supere año tras año hasta convertirse en lo es el día de hoy.
Atenas 1896 fue el punto de partida de los Juegos Olímpicos modernos y junto con ellos, el salto con garrocha. La disciplina nunca estuvo ausente pero si discrimino y excluyó al género femenino hasta fechas recientes, tal y como pasó a lo largo de la historia con el deporte en general. Esta práctica fue llevada a cabo solo por hombres en cada cita olímpica durante todo el siglo XX. Los Juegos de Sídney 2000 marcaron un hito central en la historia de este deporte ya que le abrieron las puertas por primera vez a la categoría femenina.
Con respecto a las estadísticas hay dos parámetros fundamentales que denotan los cambios que sufrió a favor el salto con garrocha. Por un lado los récords, que desde la primera edición de los Juegos Olímpicos, en la rama masculina, han sido superados con algunas excepciones ya que por ejemplo en algunas ediciones se mantuvo las misma marca, de 1968 a 1972 se impusieron los 5,40 mts. Pero el punto de inflexión se dio a partir de los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988 ya que desde entonces se dieron marcas de los 5,90 mts en adelante. El último record olímpico lo ostenta el francés Renaud Lavillenie con una marca de 5,97 mts en Londres 2012.
Las mujeres por su lado, más jóvenes en esta disciplina, desde Sídney 2000 en adelante han superado ampliamente los récords, la primera marca fue de 4,60. En Atenas 2004 el récord superó la anterior por más de 30 centímetros, 4,91 mts. Pero fue Yelena Isinbáyeva quien rompió con todas las barreras al convertirse en la primera atleta en superar los cinco metros en Beijing 2008, con una marca de 5,05 mts, la cual se mantiene hasta el presente.
Otros de los parámetros que jugaron a favor de la práctica en cuanto a su seguridad fueron las medidas que se fueron adoptando con el paso de los años incluyendo la evolución y la tecnología de los materiales que hicieron que la práctica además de influir a que se rompieran ciertos records, ayudó a hacer más segura esta disciplina considerada por un tiempo como una deporte de alto riesgo debido a la cantidad de accidentes en torno a la práctica de la misma y en algunos casos, incidentes que derivaron en el deceso del atleta.
De acuerdo a los datos arrojados por la sección “Es Materia” del diario online “El País” hasta 2003 cada año moría una persona realizando esta práctica, sólo en Estados Unidos. Por supuesto, esto se redujo considerablemente gracias a las medidas que se tomaron para promover la seguridad aunque aún se siguen dando accidente que devienen en lesiones medulares o craneales, heridas internas y de pelvis entre otras.
El último antecedente de un accidente en el salto con pértigas y más recordado por haber ocurrido durante los Juegos Olímpicos de Londres 2012 le sucedió ni más ni menos que a uno de los favoritos de la categoría masculina para meterse en la final en busca de una medalla, el cubano Lázaro Borges que en su primer salto sufrió la rotura de su garrocha en pleno acto de salto para superar la varilla. Afortunadamente tras esta acción el atleta logró aterrizar en la colchoneta por lo que no sufrió ninguna lesión o herida de gravedad.

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