Día 9: La semilla de La Garra

Había que aprovechar el sol que pegaba fuerte ya desde temprano. Así que fuimos a pisar a media mañana la arena de Barra Da Tijuca, que quedaba a unas diez cuadras de nuestro alojamiento, para después, a la tarde, partir hacia el Parque Olímpico.

Sabíamos que ese 14 de agosto podría ser más histórico aún, si Juan Martín Del Potro ganaba la medalla de oro en la final de tenis ante el escocés Andrew Murray. Y queríamos estar en Court Central de Barra para intentar ingresar al estadio sin entrada. Una vez más con mi credencial no oficial de Los Olímpicos.

Finalmente no pudimos entrar. Los controles estaban excesivamente supervisados, pero sí vimos allá a los lejos una pantalla que estaba al lado del Court Central donde iban marcando los puntos. Por un momento me acordé del fútbol privado, cuando las canciones del Bambino Pons informaban los goles del Torneo Argentino. En fin, internet no funcionaba como para seguirlo por Twitter, y no nos quedaba otra que mirarlo desde afuera, en esa pantalla donde los números no eran tan grandes, lo que generó que mirásemos los puntos con el zoom de mi cámara.

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En el interín nos cruzamos con la familia de Elke Karsten, quien nos hizo acordar que en pocos minutos teníamos que ingresar al Arena do Futuro que estaba a unos 500 metros, para ver el último partido de La Garra (seleccionado femenino de handball), frente a Corea.

Cuando Del Potro perdió por 7-5, 4-6, 6-2 y 7-5 en la final, y se quedó con la histórica medalla de plata, los hinchas argentinos que estaban a las afueras empezaron a cantar: “¡Olé, olé, olé, olé Delpo, Delpo!”. No me sorprendió para nada porque el apoyo incondicional estuvo desde el debut ante Novak Djokovic. Y más se sintió la comprensión por el regreso de La Torre de Tandil al codeo con los mejores del circuito, luego de casi tres años sin jugar al tenis.

En el partido despedida de La Garra, ante las coreanas, vimos varios asientos vacíos y mucho público brasileño al ritmo del: “¡Coré-a, Coré-a, Coré-a”!, y después el viejo hit de la década del 80: “¡Mil gols, mil gols…!”. No me voy a poner a juzgarlos. Esa es su forma de ser hinchas y punto.

Lo importante era que las chicas del handball ya habían quedado afuera de la clasificación a cuartos de final, y que ese partido era el del cierre de un ciclo histórico, por ser la primera participación olímpica, y por el retiro de tres grandes estandartes que dejaron su huella en este deporte: Valentina Kogan, Lucía Haro y Valeria Bianchi.

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En el palco de los periodistas no había nadie. Solo el ex capitán de Los Gladiadores, Andrés Kogovsek, esta vez como comentarista y Juan Martín Rinaldi como relator, ambos para Tyc Sports. Fue una linda experiencia sentirse acreditado por unos minutos.

Di toda la vuelta al estadio en el entretiempo, y como no había muchos voluntarios vigilando, me mandé a los palcos de prensa. Ahí me crucé con un fotógrafo puntano, que me preguntó qué hacía ahí. Le dije que era periodista pero que no estaba acreditado y que quería verlo desde ahí. Le mostré mi credencial no oficial, se rió y me dijo: “Así se empieza, pibe. Subí un poco más que lo vas a ver mejor y tenés la pantalla en simultáneo”. Le hice caso y me senté al lado de Kogovsek, quien me miró, y me asintió con la cabeza, como afirmándome algo así como: “no hay drama, pibe”.

En eso apareció una chica de rulos rubia vestida de voluntaria. Me agaché en el pupitre para que no me viera y seguí. Hice un poco de ruido con la silla que desconcentró a Kogovsek y me miró mal. Así que decidí volver a la platea con Silvi, y en el camino los gritos de los locales seguían: “¡E-li-mi-na-do, e-li-mi-na-do, e-li-mi-na-do!”.

28 a 22 cayeron las chicas que conduce el querido Eduardo Peruchena pero el resultado fue anecdótico. Lo emocionante pasó después, cuando se despidieron del público entre lágrimas y cánticos.

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Cuando ya todos los hinchas habían abandonado el estadio nos quedamos para ser testigos de los abrazos, cariños, y emociones de las chicas con sus familiares y amigos. Es que se había cerrado un ciclo. El primer Juego Olímpico. Y acababan de sembrar la primera semilla.

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